dse Diálogos sobre educación. Temas actuales en investigación educativa Diálogos sobre educ. Temas actuales en investig. educ. 2007-2171 Universidad de Guadalajara, Centro Universitario de Ciencias Sociales y Humanidades, Departamento de Estudios en Educación 00011 00011 Reseñas Testimonio sobre los efectos de la educación en las personas privadas de su libertad Torres Hernández Francisco Jan-Jun 2018 9 16 00 00 Este es un artículo publicado en acceso abierto bajo una licencia Creative Commons Preámbulo

En febrero de 2017, se abrió el primer curso de educación superior en el Reclusorio Metropolitano de Puente Grande, Jalisco. 1 De los diez estudiantes privados de su libertad inscritos en el curso, cuatro tenían estudios previos de nivel licenciatura, pero solo uno había accedido a ellos dentro del sistema penitenciario.

Este texto relata el esfuerzo de un hombre para estudiar en reclusión, cómo utiliza la educación para su superación personal y el efecto profundo que esto ha generado en su vida y en su entorno. La historia de Pancho tiene lugar en una prisión del sistema federal; en el ámbito estatal, Inside-Out es el único programa de educación superior en la historia del sistema penitenciario jalisciense. Este testimonio muestra el valor de la educación para las personas privadas de su libertad y sus procesos de reinserción social. Las palabras de Pancho inspiran admiración por su perseverancia y determinación a estudiar, y evidencian la necesidad de ampliar las ofertas académicas para las personas privadas de su libertad. La educación es sin duda una de las mejores herramientas para promover la justicia, disminuir la desigualdad social y combatir la delincuencia generada por las múltiples violencias estructurales de nuestra sociedad.

El 19 de abril de 1990, a los 20 años de edad, fui detenido en un enfrentamiento con la Policía de Guadalajara y enviado a la sala de detenidos del Hospital Civil debido a una herida de bala en la arteria femoral. Al estar bien de salud, me trasladaron al Reclusorio Preventivo de Guadalajara. Tres años después, fui sentenciado a 32 años y 8 meses de prisión por homicidio, y trasladado al Centro de Readaptación Social (CRS) No. 1 del Estado de Jalisco. No duré mucho tiempo allí, ya que el 17 de octubre de 1994 fui ingresado al Centro Federal de Readaptación Social (CEFERESO) No. 2 Occidente, un penal de máxima seguridad. Allí estudié la primaria, la secundaria y la preparatoria; eran los estudios con los que contaba el Centro Federal Occidente cuando llegué.

En 1997, la Universidad América Latina comenzó a ofrecer las carreras de Psicología, Historia, Administración de Empresas y Comercio Internacional a personas privadas de libertad en el CEFERESO No. 2. Cuando terminé la preparatoria, en 2001, solicité beca para estudiar la licenciatura, pero la universidad solo cubría 25% del costo, y por ende, no pude ingresar.

Tenía ganas de seguir con mi formación académica y decidí solicitar material bibliográfico a la Suprema Corte de Justicia de la Nación para estudiar leyes. Mi solicitud fue aprobada y me fue enviando todo el material que necesitaba. De esta forma, el Instituto de Especialización Judicial del Poder Judicial de la Suprema Corte de Justicia de la Nación fomentó mi estudio independiente durante dos años, con el envío de libros y otros documentos sobre las leyes que rigen la nación.

En 2003, la Universidad América Latina, con el CEFERESO No. 2 Occidente, comenzaron a ofrecer la Licenciatura en Derecho para las personas privadas de libertad que no podían solventar los gastos de la carrera y nos proporcionaron los estudios de manera interinstitucional, es decir, la universidad aportaba el material bibliográfico y los exámenes al departamento educativo del CEFERESO. Era un sistema abierto en el cual los internos estudiaban por su cuenta y el departamento Jurídico del CEFERESO aplicaba los exámenes de cada módulo.

Comencé con el tronco común, cursando las materias de Metodología del Aprendizaje, Taller de Readaptación, Antropología Filosófica, Psicología Social, Sociología, Fundamentos de Administración, Método Científico, Metodología de la Investigación e Inglés I, II y III. Después estudié todas las materias restantes,2 hasta terminar la Licenciatura en Derecho en el año 2008. Al mismo tiempo, seguí estudiando el material bibliográfico que me enviaba la Suprema Corte en los temas de Juicio de Amparo, Penología y Ciencias Forenses. Este material complementaba el plan de estudios de la Universidad Latinoamericana y me permitía profundizar mi comprensión de las leyes y el sistema judicial del país.

En cuanto terminé el programa de estudios, comencé a practicar con mi propia situación jurídica. En ese tiempo tenía varias sentencias que sumaban 70 años de prisión y estaba etiquetado con un perfil criminológico alto que me hacía imposible salir de un Centro Federal. Mi primer escrito fue un incidente no especificado, en donde solicité al juez la adecuación de la pena, es decir, que se aplicara la ley más favorable al reo. Me fue negado pero no me rendí. Posteriormente interpuse un amparo ante un juez de distrito por la misma solicitud y logré la libertad en este proceso.

Algunos compañeros del Centro Federal Occidente, al ver lo que había logrado, me pidieron ayuda. Solicité a los tribunales información jurídica de sus casos, realicé adecuaciones de pena e interpuse amparos directos e indirectos, según el trámite que correspondía a su asunto, y logré el triunfo en 32 casos que me habían pedido el favor, al grado que el Centro Federal me hizo firmar un escrito en el que me comprometía a no defender a mis compañeros en su situación jurídica, no por lo que corresponde a sus sentencias sino a lo administrativo. En otras palabras, pude seguir apoyándoles con sus casos, pero no pude presentar más amparos en contra del CEFERESO con solicitudes para mejorar la calidad de vida dentro del penal.

Yo ingresé a prisión el 19 de abril de 1990. Cuatro años y medio después, me enviaron al CEFERESO sin ninguna esperanza, pero cuando me enteré que podría ingresar a la escuela me propuse estudiar. Dieciocho años después de perder la libertad alcancé mi objetivo de concluir una licenciatura. Ahora, este logro está en los registros de mi Expediente Único a cargo del CEFERESO No. 2 Occidente y del Órgano Administrativo de Prevención y Readaptación Social en el Distrito Federal.

De 70 años de prisión que sumaban las diversas sentencias, me quedé con una sentencia de 32 años y ocho meses, después de agotar las líneas de amparo directo. A la par, he seguido utilizando mi conocimiento en el campo para mejorar mis condiciones de vida, a pesar de estar privado de mi libertad. Metí una solicitud para ser traslado desde el Centro donde estaba preso a otro reclusorio. Me fue negado e interpuse un amparo, el cual también me fue negado con el argumento de que tenía un perfil criminológico alto y que, por lo tanto, debía permanecer en un centro de máxima seguridad.

Yo ya llevaba 16 años internado en ese lugar y, por tal circunstancia, respondí cuestionando el modelo de readaptación del Centro Federal. Con tantos años allí ¿por qué supuestamente no lograba readaptarme? Solicité los argumentos del Centro Federal respecto a porqué no había bajado mi perfil criminológico, y dijeron que psicológicamente era antisocial. Solicité a los tribunales que me dieran terapia psicológica grupal con reconstrucción de valores y mi petición fue aprobada. Participé en el programa terapéutico durante seis meses y presenté a los tribunales el estudio que me hicieron al final; con él logré mi traslado a un centro de mediana seguridad.

A partir de este amparo, comenzaron a impartir terapia grupal con reconstrucción de valores a todas las personas internadas en los Centros Federales. Posteriormente, en la Suprema Corte de Justicia se ganaron cinco amparos más en este tema y se convirtió en jurisprudencia, una ley que se aplica a todos los centros de readaptación. Actualmente, este sistema de terapia psicológica se lleva a cabo en todos los centros federales, tanto para los presos como para los servidores públicos que laboran en los tribunales, y está considerado en la ley para contribuir a una mejor reinserción social.

Gracias a las oportunidades de educación en el CEFERESO No. 2, que aproveché, pude promover este amparo, así como su realización a favor de la readaptación de las personas privadas de su libertad.

Ingresé al Reclusorio Metropolitano de Puente Grande, Jalisco, el 2 de febrero de 2016. Mi calidad de vida cambió al tener un mejor trato y nuevas oportunidades para estudiar y seguir cultivándome. Después de 27 años en prisión, espero mi libertad. Actualmente yo llevo mi defensa en los estudios de beneficio. Si me los dan, salgo libre; si me los niegan, seguiré la lucha mediante amparos, pues la reinserción social solo se logra dando los medios para lograrlo. Mi sueño es salir y litigar los casos de internos que no cuenten con una defensa adecuada, para que sean defendidos conforme a derecho.

El seminario titulado “Crimen, Justicia e Inclusión Social”, forma parte del Inside-Out Prison Exchange Program, que comenzó a operarse por primera vez en Latinoamérica en el Centro de Readaptación Social Femenil de Puente Grande en 2016, un año antes. Para mayor información, véase el artículo de José Isaac Jiménez Durán y Danielle Strickland en este número.

El plan de estudio consistía de las siguientes materias: Introducción al Estudio de Derecho, Teoría General del Derecho, Derecho Romano, Derecho Constitucional, Derecho Civil I, II, III y IV, Teoría General del Estado, Derechos Humanos, Derecho Mercantil I y II, Derecho Agrario, Derecho Penal, Derecho Administrativo, Derecho Bancario, Proceso Civil, Proceso Penal, Derecho del Trabajo, Derecho Internacional Privado, Derecho Internacional Público, Derecho del Proceso Mercantil, Medicina Legal, Derecho Procesal del Trabajo, Teoría del Delito, Teoría General del Proceso, Juicio de Amparo, Argumento Jurídico, y Ética Profesional del Trabajo.

Review A testimony of the effects of education on incarcerated people <italic>Foreword</italic>

The first higher education course at the Reclusorio Metropolitano in Puente Grande, Jalisco, 1 Mexico began in February 2017. Four of the ten incarcerated students registered in the course had previously studied a Bachelor’s degree, but only one of them had earned it inside the penitentiary system.

This text recounts a man’s efforts to study within the confines of a prison, how he has used education to improve himself, and the profound effect this has had on his life and his environment. Pancho’s story took place in a federal prison; in Jalisco, Inside-Out is the first higher education program in the history of the state’s penitentiary system. This testimony shows the value of education for incarcerated people and their processes of reinsertion into society. Pancho’s words inspire admiration for his perseverance and his determination to study, and are proof of the need to increase the academic offer available to incarcerated people in Mexico. Education is without a doubt one of the best means to promote justice, reduce social inequality, and fight the criminality generated by the multiple forms of structural violence in our society.

On April 19 1990, at the age of twenty, I was arrested after a shooting with the Guadalajara Police and sent to the ward for detained patients of Guadalajara’s Civil Hospital with a bullet wound in my femoral artery. As soon as my wound healed, I was transferred to the Reclusorio Preventivo. Three years later, I was sentenced to 32 years and 8 months of prison for homicide, and sent to the Centro de Readaptación Social (CRS) No. 1 of Jalisco. I did not spend a long time there: on October 17 1994 I was incarcerated in the Centro Federal de Readaptación Social (CEFERESO) No. 2 Occidente, a maximum security prison. There I studied elementary school, secondary school and high school, the studies offered at the Centro Federal Occidente when I arrived there.

In 1997, Universidad América Latina began to offer the majors in Psychology, History, Business Management, and International Commerce to incarcerated people at the CEFERESO No. 2. When I finished high school in 2001 I applied for a scholarship to study a major but the university covered only 25% of the cost, and therefore I could not do it.

I wanted to continue my studies, so I decided to ask Mexico’s Supreme Court for books to study Law. My request was granted and I was sent all the materials I needed. Thus, the Institute of Judicial Specialization of the Judiciary Power of Mexico’s Supreme Court encouraged my independent studies for two years by sending me books and other documents about the laws that rule our country.

In 2003 Universidad América Latina, together with CEFERESO No. 2 Occidente, began to offer the major in Law for incarcerated people who could not afford the expenses of the major and offered us the classes in an interinstitutional program; that is, the university would provide the reading materials and exams to the CEFERESO’s educational department. It was an open system in which inmates studied on their own and the CEFERESO’s Legal Department applied the exams for each module.

I began with the core curriculum: Methodology of Learning, Re-Adaptation Workshop, Philosophical Anthropology, Social Psychology, Sociology, Introduction to Administration, Scientific Method, Research Methodology and English I, II and III. Then I studied the remaining subjects2 until I finished the Major in Law in 2008. At the same time I continued studying the reading materials sent to me by the Supreme Court on the subjects of Amparo 3 Law, Sentencing, and Forensic Science. These materials complemented the Universidad América Latina’s curriculum and allowed me to have a deeper understanding of Mexico’s laws and judicial system.

As soon as I finished my studies I began to practice with my own legal situation. At that time my sentences added up to 70 years in prison and I was labeled with a high criminological profile that made it impossible to be released from a Federal Center. My first writing was about an unspecified incident, in which I asked the judge for a modification of the sentence; that is, to apply a law that was more favorable to the inmate. It was denied but I did not give up. I then filed an amparo with a district judge with the same request, and it was accepted.

In view of this achievement, some other inmates at the Centro Federal Occidente asked me to help them. I asked the courts for legal information on their cases, I applied for modifications of sentences and filed for direct and indirect amparos, according to the procedure corresponding to their cases, and won 32 of them. After this the Centro Federal made me sign a paper in which I agreed to stop defending my fellow inmates in their legal situation, not in regard to their sentences but in regard to their administrative situation; that is, I was able to continue supporting them on their cases, but I could not file any more amparos against the CEFERESO requesting better living conditions within the prison.

I was first sent to prison on April 19 1990. Four and a half years later I was sent to the CEFERESO without any hopes, but when I found out that I could go to school inside the prison I decided to study. Eighteen years after being imprisoned I achieved my goal of earning a Bachelor’s degree. Now this achievement is part of my record in my files at the CEFERESO No. 2 Occidente and the Administration of Crime Prevention and Social Re-Adaptation (Órgano Administrativo de Prevención y Readaptación Social) in Mexico City.

From the 70 years in prison to which all my sentences added up, I was able to reduce my imprisonment to 32 years and eight months, after exhausting the lines of direct amparo. I have also applied the knowledge I have acquired to improving my living conditions in prison, and requested a transfer to a different prison. This request was denied and I filed an amparo, which was also denied on the grounds that I had a high criminological profile, and therefore I should remain in a maximum security prison.

I had spent 16 years in that prison, and I responded by questioning the Centro Federal’s re-adaptation model. With so many years there, how was it that I was allegedly unable to re-adapt? I inquired into the arguments of the Centro Federal as to why my criminological profile had not decreased, and I was told that psychologically I was antisocial. I requested the court to be given group psychological therapy with reconstruction of values, and my request was approved. I participated in the therapy program for six months and filed my psychological assessment at the end, which allowed me to be transferred to a medium security prison.

After this amparo, group psychological therapy began to be given to all the people imprisoned at Centros Federales. Five more amparos on this issue were subsequently won at the Supreme Court of Justice, resulting in a law that is now applied in all the centers for re-adaptation. Group psychological therapy is used now in all federal prisons, both for inmates and for prison staff that work at courts, and it is considered in the law to contribute to a better reinsertion into society.

Thanks to the opportunities of education at the CEFERESO No. 2, which I took, I was able to promote this amparo, as well as its application for the readaptation of incarcerated people in Mexico.

I was transferred to the Reclusorio Metropolitano in Puente Grande, Jalisco, on February 2 2016. My living conditions improved, I was treated better, and I had new opportunities to study and continue learning. After 27 years in prison, I look forward to my release. I am currently conducting my defense in studies of benefits. If I am granted them I can go free; if they are denied, I will continue to fight for them through amparos, because reinsertion into society can only be achieved given the means to achieve it. My dream is to be released and work on cases of inmates who have had no proper defense, so they can be defended according to the law.

The seminar “Crime, Justice and Social Inclusion” is part of the Inside-Out Prison Exchange Program that began to operate in Latin America at the Center for Social Re-Adaptation of Female Inmates in Puente Grande in 2016. See the article by José Isaac Jiménez Durán and Danielle Strickland in this issue for further information on the Inside-Out program.

The curriculum consisted of Introduction to the Study of Law, General Theory of Law, Roman Law, Constitutional Law, Civil Law I, II, III and IV, General Theory of the State, Human Rights, Mercantile Law I and II, Agrarian Law, Criminal Law, Administrative Law, Banking Law, Civil Process, Criminal Process, Labor Law, Private International Law, Public International Law, Mercantile Process Law, Legal Medicine, Labor Process Law, Theory of Crime, General Process Theory, Amparo Law, Legal Argumentation, and Professional Labor Ethics.

Translator’s Note: the Amparo is a constitutional guarantee unique to Mexico that protects people against unlawful and arbitrary acts or authorities.

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